Cal Moliné, un refugio en el Berguedà donde el interiorismo se une con la historia

Datos de interés

- Año del proyecto: 2026
- Coste del proyecto: 50.000 - 55.000 €
- Ubicación: Avià, Berga, Barcelona
- Código postal: 08600

<strong style="font-weight: 600; overflow-wrap: break-word; display: block; margin-bottom: 0.2em; font-size: 14px; caret-color: rgb(80, 87, 94); color: rgb(80, 87, 94); font-family: -apple-system, BlinkMacSystemFont, "Segoe UI", Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, "Helvetica Neue", sans-serif; white-space: normal;"></strong>Cal Moliné, un refugio en el Berguedà donde el interiorismo se une con la historia

Cal Rosal, en Avià, en la comarca del Berguedà (Barcelona), una antigua casa de pueblo ha comenzado su nueva etapa. La reforma de esta vivienda de 100 m², recupera el carácter de un espacio que en otro tiempo fue una cuadra para convertirlo en un refugio cálido, acogedor y conectado con el paisaje.

Una casa de obra nueva diseñada desde el inicio

De esta reforma nace Cal Moliné, una antigua casa que ocupa una de las plantas inferiores de Cal Rosal, y que parte de una particularidad arquitectónica que condicionó desde el principio la intervención: el desnivel natural de la finca, una de sus fachadas queda semienterrada.

El reto era conseguir que esta condición no fuera una limitación, sino una oportunidad. La fachada principal, construida en piedra y orientada hacia el río, se convirtió así en una de las grandes protagonistas del proyecto. 

Aprovechar al máximo la entrada de luz natural y reforzar la relación con el entorno fueron dos de las claves de la reforma.

La premisa era conseguir esa sensación de casa de campo que invita a bajar el ritmo, descansar y reconectar con la naturaleza, pero incorporando al mismo tiempo todas las comodidades de una vivienda contemporánea.

Una vivienda que recupera sus raíces

La historia del espacio fue determinante para definir los materiales y la atmósfera. Al tratarse originalmente de una cuadra, el proyecto buscó recuperar parte de ese carácter rural sin caer en una interpretación excesivamente literal o rústica.

La madera y el barro cocido se convierten en los grandes protagonistas. La paleta cromática parte de los tonos naturales del entorno, con predominio de maderas en tonos castaño y un verde oscuro que aparece de manera recurrente en tapizados, papeles decorativos y mobiliario.

El verde funciona casi como un hilo conductor de toda la vivienda. Inspirado en la vegetación y los bosques del Berguedà, permite establecer un diálogo constante entre el interior y el paisaje exterior.

El pavimento de barro cocido refuerza todavía más esta conexión con la arquitectura tradicional. Se utilizaron diferentes formatos para crear un mosaico con riqueza visual y carácter, buscando un acabado natural, atemporal y capaz de envejecer bien.

 

 

Un espacio abierto con diferentes ambientes

Al acceder a la vivienda se encuentra un gran espacio abierto en el que salón, comedor y cocina conviven sin tabiques. La distribución mantiene la amplitud y la entrada de luz, mientras distintos recursos arquitectónicos y decorativos ayudan a definir cada ambiente.

En el salón, la mirada se dirige hacia una composición diseñada a medida: un mueble bajo y unas baldas de madera teñida forman una pequeña librería donde conviven libros sobre la zona, piezas recuperadas y objetos con valor sentimental.

El conjunto se completa con un papel decorativo de inspiración vegetal en tonos verdes y una estructura de pladur que integra la chimenea eléctrica y el televisor, creando una composición limpia y ordenada. La chimenea, escogida como alternativa a la de leña por las condiciones técnicas de la finca, mantiene el carácter acogedor de un hogar tradicional.

La piedra como bienvenida

Una de las paredes originales de piedra se conserva y se convierte en uno de los elementos con mayor personalidad de la vivienda.

Su recuperación requirió un trabajo importante, pero permitió conservar una parte esencial de la identidad. Frente a ella, una gran consola de estilo rústico, un espejo redondo y un olivo construyen una entrada cálida y sencilla.

Es precisamente en estos pequeños gestos donde el proyecto encuentra parte de su carácter: elementos nuevos conviven con materiales recuperados y objetos vinculados a la historia de la finca.

Una cocina de inspiración cottage

La cocina se diseñó en forma de L para aprovechar al máximo el espacio y facilitar el uso cotidiano. Aunque compacta, incorpora todo lo necesario, con lavavajillas integrado, fregadero de porcelana blanca y grifería de inspiración tradicional.

La estética recupera la esencia de las antiguas cocinas de campo desde una mirada actual. Las puertas enmarcadas en verde, los tiradores de latón envejecido y la encimera de mármol de Carrara con canto redondeado crean una atmósfera acogedora y atemporal, reforzada por pequeños electrodomésticos y accesorios en tonos crema.

En el antepecho, las cerámicas Artis Pearl y Arvum-4 Pearl, de Vives, aportan textura y riqueza visual. El relieve de inspiración botánica de una de ellas refuerza, además, el vínculo con la naturaleza que rodea la vivienda.

El dormitorio: luz, intimidad y calma

En el dormitorio, uno de los principales retos era resolver la relación con el baño. Inicialmente se había planteado una conexión completamente abierta, pero pronto surgió la necesidad de garantizar una mayor intimidad sin renunciar a la entrada de luz natural.

La solución fueron unas puertas correderas de inspiración granero, pero realizadas con cristal. Permiten separar ambos espacios cuando es necesario y, al mismo tiempo, mantienen la sensación de amplitud y dejan circular la luz.

Su estética encaja especialmente bien con el carácter de la vivienda: un elemento de inspiración tradicional reinterpretado con materiales y proporciones contemporáneas.

Un refugio para bajar el ritmo

Cal Moline nace de la voluntad de recuperar una antigua construcción y devolverle una nueva vida sin borrar las huellas de su pasado. La piedra original, la madera recuperada, el barro cocido, los objetos vinculados a la finca y los materiales naturales conviven con piezas contemporáneas para crear una vivienda que mira hacia delante sin olvidar de dónde viene.

El resultado es un refugio pensado para disfrutar durante todo el año, donde la arquitectura y el interiorismo buscan establercer una conversación constante con el paisaje del Berguerà.

 

Laura Martínez, interiorista responsable del proyecto.